Cuando me presentes a alguien, no hace falta que me digas si es judío o musulmán, ateo o cristiano, con que me digas que es un ser humano es suficiente, puesto que es lo peor que podía ser.
Cuando me presentes a alguien, no hace falta que me digas si es judío o musulmán, ateo o cristiano, con que me digas que es un ser humano es suficiente, puesto que es lo peor que podía ser.
