Érase una vez en un pueblo de la antigua India, una pequeña cabra, y un sacerdote. El sacerdote quería sacrificar la cabra a los dioses… alzó la mano para cortarle el cuello cuando de pronto, la cabra empezó a reír. Él se detuvo asombrado, y le preguntó a la cabra
- “¿Por qué te ríes? ¿No sabes que te voy a cortar el cuello?”
- “Oh sí”, dijo la cabra, “me río, porque después de haber muerto y renacido como cabra 499 veces ahora renaceré como ser humano”.
Entonces la pequeña cabra empezó a llorar, y el sacerdote le preguntó
- “Ahora por qué lloras?”, y la cabra respondió
- “Por ti, pobre sacerdote. Hace 500 vidas, también yo fui sacerdote, y sacrificaba cabras a los dioses.”
El sacerdote cayó de rodillas y dijo
- “Te ruego que me perdones. De ahora en adelante seré el guardían y protector de todas las cabras de esta tierra.”

Lama Norbu, El Pequeño Buddha.

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